40514

Me llamó la atención que la página par llevara el número (digamos) 40514 y la impar, la siguiente, 999. La volví; el dorso estaba numerado con ocho cifras. Llevaba una pequeña ilustración, como es de uso en los diccionarios: un ancla dibujada a la pluma, como por la torpe mano de un niño.
Fue entonces que el desconocido me dijo:
-Mírela bien. Ya no la verá nunca más.
Me fijé en el lugar y cerré el volumen. Inmediatamente lo abrí. En vano busqué la figura del ancla, hoja tras hoja.

(El libro de arena. Jorge Luis Borges)

sábado, 17 de septiembre de 2011

Jordi Dauder


Nota:

Robo esta entrada del blog de "Izquierda Anticapitalista", escrita por Pepe Gutiérrez, sobre el reciente fallecimiento de Jordi Dauder. Esa voz inconfundible, y ese gran actor, tanto en cine como teatro.


Notas precipitadas sobre Jordi Dauder

Viernes 16 de septiembre de 2011, por Mar
Pepe Gutiérrez Álvarez
Acaba de fallecer nuestro camarada Jordi Dauder (Badalona, 1938) de una muerte que ha sido también una liberación. Estaba francamente mal, el cáncer le estaba cercenando la vida, y no había calmantes para tanto dolor, aunque él permanecía en pie ilusionado con nuevos proyectos, como siempre. Teníamos pendiente ir a visitarlo el próximo 24 de septiembre, aprovechando un viaje a Madrid a una reunión extraordinaria de la Fundación Andrés Nin, con la que siempre colaboró, y para hablar en La Marabunta de Víctor Serge, uno de esos personajes claves de la cultura marxista revolucionaria de la que Jordi formó parte al menos desde mitad de los años sesenta, cuando estando en Francia colaboró con la redes de solidaridad activa con el FLN argelino que tenía formada la Cuarta Internacional bajo la batuta entusiasta del vilipendiado Michael Pablo. Jordi había leído a Víctor Serge en su idioma, o sea en francés, lengua que hablaba con tanta fluidez como el catalán, su lengua materna, o el castellano.
Jordi fue después, a su regreso a Barcelona y en la universidad, uno de los fundadores del POR siguiendo la disidencia de Juan Posadas, cuando éste defendía unas ideas en la que participaron no pocos militantes de la talla de Adolfo Gilly (con el que Jordi colaboró en la revista “Coyoacán”), o sea antes de convertirse en un personaje. En el POR militaron por entonces jóvenes como Diosdado Toledano, Antonio Gil o Lucía González que luego serían, como el propio Jordi, protagonista de la fundación de la LCR. De aquel tiempo data un encuentro con Manuel Sacristán que Jordi contará en su introducción, “Una noche con Manolo Sacristán”, escrito para la recopilación de textos que acompañó la edición en DVD del “Integral Sacristán”, de Xavier Juncosa, una producción de El Viejo Topo, y un documental que debería circular mucho más de lo que lo ha hecho a pesar de las dificultades de su metraje. En este texto, Jordi nos releva una conversación con Manolo en relación a Trotsky, y muestra como éste ya se encontraba muy lejos de los cánones que todavía imperaban en el PSUC. Cuando estalló el mayo en París, Jordi no se lo pensó dos veces, y con un coche se plantó en el París de las barricadas e ingresó en el movimiento 22 de marzo en el que participaba la JCR con los neoanarquistas y otras corrientes. Una batalla que pudo recordar cuando –a través de una filmación- intervino en el acto que en conmemoración del 40 aniversario del mayo organizó Revolea Global en la Cotxeres de Sants, y en el que nos habló con su pasión y su altura intelectual Daniel Bensaïd, otro que se nos fue dejándonos más pobres.
Durante muchos años, Jordi Dauder fue el rostro a lo Fanfan la tulipe de la LCR en Badalona, todo un personaje de oratoria apabullante, que era respetado por todas las tendencias políticas que encontraban natural que emergiera como portavoz de algunas de las potentes luchas vecinales del momento. Eso sí, lo hacía, entraba y salía, Jordi era un militante “dandy”, alguien que siempre estaba allí a las duras y a las maduras pero al que no se le podía “coger” de una manera estable ni asegurar que asistiría a la próxima reunión que era “muy importante”, porque a veces se marchaba, casi siempre a Paris donde tenía alguna novia, o a Portugal para meterse de pleno en la revolución de los claveles, contactar con los camaradas de la Internacional. De algo así hablaría el mismo en una entrevista veraniega que apareció en “La Vanguardia” de Barcelona, cuando ya era un actor catalán famoso y en la que se retrata así:
“Jamás he tenido una verdadera "inclinación vacacional". En primer lugar, porque, por distintas razones, en la época del verano he participado muy a menudo en actividades socioculturales a las que me sumo siempre que puedo y que, para mí, son tan impórtan­os como mi propia profesión. Y en segundo lugar, porque mi actividad profesional no siempre permite vera­nar. Por otra parte, considero un error y un reduccionismo de cariz corporativista deslindar una profesión: todo lo que la rodea, y que es la vida. Me interesa todo lo que sucede y no comparto esa frase que a veces oímos: "Soy un artista y no me meto política." Además de ser, paradójicamente, una actividad política, coloca al artista en un Olimpo elitista alejado dé las "bajezas humanas". Mis veranos más importantes van ligados a la actividad socio-cultural. Y recuerdo especialmente tres.
  • Verano de 1975, Portugal y la revolución de los Claveles: participé junto al Movimiento de las Fuerzas Armadlas en su campaña de alfabetización y en sus actividades culturales. Allí también realicé un cortometraje sobre aquella magnífica convulsión social que sacudió a todo el país.
  • Verano de 1977: participé como miembro de la aso­ciación de vecinos del barrio de Santo Cristo de Badalona en la ocupación multitudinaria de tres hectáreas de terreno del polígono Montigalá para reclamar la construcción de una escuela pública que hoy ya existe y que se llama Llibertat.
  • Verano de 1993: después de rodar la película "Los baúles del retorno", con Silvia Munt y Patricia Gálvez, me fui a los campamentos saharaui del Frente Polisario a convivir con ellos y a realizar un reportaje sobre su terrible situación para la revista "El Viejo To­po", en la cual colaboro.
Como ando siempre a caballo entre lo profesional y lo sociocultural, si me preguntasen qué escogería para futuros veranos, probablemente diría que el festival de Aviñón y cualquier cita que convocasen los actua­les movimientos antiglobalización. Creo que es la me­jor manera de aprender profesional y humanamente. Lamento no poder hablar de sólo un verano del pa­sado, pero es que la vida sigue.»
Estas notas nos pueden dar una idea del activismo de Jordi Dauder. En el tiempo en el que militamos juntos en la agrupación cultural de la LCR en Barcelona en la primera mitad de los años ochenta, una agrupación en la que, además, estaba el personal de la Librería Leviatán, Gerard Romy, Mariano Delás, Xavier Giró, Joseph Casals, ulteriormente autor de una joya de ensayo histórico titulada Afinidades vienesas. Sujeto, lenguaje, arte, Premio Azagra de ensayo 2003, y otra gente, Jordi estuvo por medio de innumerables proyectos en un tiempo negado para la lírica. Entre ellos estuvo la creación de una revista de periodismo de investigación que le pusimos como nombre “Marxa” con Lluís Zayas con el que luego hizo una pelí, "Bufons i reis"; en la aventura “autogestionaria” del Brusi, también conocido como diario de Barcelona; en las reuniones con editores para crear un “Club del Libro de Izquierdas” cuando este material descapitalizaba las editoriales que habían sido de izquierdas; en la propuesta de crear una sección española del Instituto León Trotsky que presidía un poco tormentosamente Pierre Broué desde la Universidad de Grenoble…
Durante un tiempo, Jordi también trabajó en la citada librería, y juro que era un espectáculo verlo vender libros. A mí me gustaba de siempre echar el rato repasando ediciones, y hablar de todo un poco mientras el tiempo lo permitía, y pude ver muchas veces como aparecía alguien buscando un libro que no tenían en los estantes, y salir con tres o más que ni había pensado. Por medio había un encantamiento porque Jordi podía coger el hilo, que se yo, de Giorgio Bassani, y entrar en toda la literatura italiana. Era un encantador de serpiente casi tan refinado como Casanova, y lo pude ver de cerca. Fue en la época en la que el que escribe estaba amorosamente recién casado, y Jordi se había hecho un habitual en casa donde nos ayudó a tener un número de teléfono precioso en pocos días, y en donde pasaba horas Hablando de la vida y la muerte. Resultaba que mi compañera de entonces era una ferviente admiradora de Miquel Marti i Pol, y mire ustedes por donde, Jordi no solamente recitaba a las mil maravillas Estimada Marta, es que también era amigo del poeta de Roda de Ter donde estuvimos de visita aunque aquel día Miquel no pudo recibir a nadie. Llegó un momento en que mi compañera echaba en falta a Jordi con un entusiasmo que acabó poniéndome mosca. Así es que le dije en palabras textuales: "Escucha, para mí eres la primera, pero con Jordi te tendrás que poner en la cola”.
Sin quererlo ni beberlo, Jordi aparecía un poco en todas partes. Recuerdo que aparecía en la revista “Dirigido por…” en relación a un Festival de Cine Árabe que había organizado, su nombre figura en la refundación de “El Viejo Topo”, en campañas de solidaridad con Nicaragua (moisés arana, el cónsul de la época, siempre que me veía me preguntaba por él, ¿Por donde anda Jordi?. Después llegó el teatro, el cine y todo lo demás, pero por más que seguro que tuvo que trabajar como profesional en actuaciones que, de buen seguro, no estaba de acuerdo, nunca dejó de ser fiel a sí mismo. Recuerdo que allá a principios de los noventa, abrí “L´Eco de Sitges”, y me encontré con una entrevista con Jordi con ocasión de un seminario sobre actor dramático, y en ella efectuaba una encendida apología de la revolución. Siempre estuvo ahí, en todas las “movidas” de los actores a la par de Guillermo Toledo y otros, dispuesto a lo que fuese, a decir o recitar las suyas. Ahora ha muerto, y se habla de su brillante e intensa carrera de actor. También se dicen algunas cosas sobre su activismo paralelo, pero en el recuerdo de muchos y muchas de nosotros, Jordi Dauder sigue siendo un camarada de los que se hacen grandes con una causa, y también contribuyen a enriquecerla.

domingo, 4 de septiembre de 2011

DEPORTE DE MASAS, DESPACHOS Y BANDERAS

            Quiero manifestar aquí, en esta ciudad de arena que se construye y se destruye, se levanta para caer y triunfa para vivir en el fracaso, o fracasa para amoldarse al error, mi total desacuerdo y mi agriado ánimo, con respecto a la práctica del fútbol profesional como deporte de masas.



            Hace unos cuantos años, vi en “El País” (cuando “El Pais” no llevaba tilde) una viñeta de Forges, donde un futbolero lee en la prensa que han sido desalojados los vestuarios de varios estadios de fútbol ante llamadas anónimas que informaban de la colocación de libros. Ké vestias, concluía.
            Puedo asegurar, por evidente, que esos 22 hombres que pisotean la cancha son millonarios; así, lo que les mueve a jugar no es una filosofía ante la vida, ni siquiera una manera sana de vivir, dados los riesgos de la alta competición, el sobre esfuerzo al que los someten, no, es que jugando se gana mucho dinero. Correr detrás del balón, y empujarlo hasta la red significa gol a la hora de decidir cuál de los dos equipo gana la contienda. Mas llegar a hacer gol, su proceso, es la metáfora de lo que perseguimos en la vida, es el resultado de la jugada previa, el entramado del cual nos valemos para reducir al contrario con habilidad y fantasía, el regate. El engaño es una demostración de belleza plástica y juego de equipo, escondiendo el balón como prenda, pieza u objeto al que el otro no debe dar alcance. Las individualidades sistemáticas una falla del colectivo, y el gol una alegría como remate final de la jugada.


            El dinero viene a trastocar estas y otras cosas. Y como el dinero es valor, también es medida, y estos hombres miden su valor, su eficacia, y su técnica, resumiéndola en una sola palabra: dinero. Y lo que en momentos puntuales es de una gran belleza plástica, el noventa por ciento es una batalla encarnizada, cada día más, donde ganar el partido es la base fundamental de la razón. De toda la razón. Y de toda la fuerza con sus artimañas. La falta de deportividad es alarmante, las lesiones cada día más graves. E irrazonables suelen ser los hinchas que asisten a un campo de fútbol exigiendo a toda costa que su equipo gane, aunque para ello tengan que usar trampas, emboscadas, enredos, maquinaciones, métodos y vicios todos ellos antideportivos, de los que no son conscientes, (o sí) cegados por barriobajeras pasiones, que no por la belleza de la práctica deportiva.


            El jugador de fútbol en la alta competición, como colectivo trabajador, como hombre asalariado, (reciben un salario por vender su fuerza de trabajo, alto e importante salario, pero salario) es un hombre desclasado al cien por cien. Ningún colectivo está tan fuera de sus reivindicaciones como ellos, el dinero las cubre todas dados los altos porcentajes que reciben, su nula conciencia les aleja de la clase que más les apoya y les sigue: los obreros y los trabajadores. Su conciencia política, ellos que se mueven en ambientes “políticamente” influenciados por el dinero, suele ser plana; culturalmente son un ejemplo para la sociedad, que imita su “modelo” de vida. Nuestro “ideal” es el significado que ellos nos dan, que en el caso de Mouriño, (contratado por el Real Madrid para no hacer futbol, ante la magia del Barcelona) es patético hasta donde puede llegar con tal de seguir “disfrutando” del “juego” de su equipo. No tienen escrúpulos. La comprensión intelectual, razonada, sosegada, de las cosas no va con ellos, es baja, dándose un nivel de analfabetismo muy elevado: saben leer y escribir y pare usted de contar. Cuenta Valdano que él tuvo un entrenador que le prohibía leer en las concentraciones, porque para estar concentrado de cara a un partido de fútbol lo peor que puede hacer un hombre, es ponerse a leer un libro. Su simpleza política les encuadra efectivamente con la derecha, con la derecha y con la religión: todo el colectivo se persigna o se santigua al entrar en el campo, y también al abandonarlo, y al meter gol. Su fe consiste en seguir pidiendo favores, no les basta con el dinero que reciben, sino que egoístas se permiten el lujo de pedirle al Altísimo que les proteja de lesiones, que le de suerte, ganando él y su equipo el partido, tal es la confianza con la que tratan a su dios, que siempre es particular, como sinónimo de personal, es decir de propio: él es el dueño de una casa, una mujer bella, un cochazo y un dios. Cierran el circulo de sus supersticiones y su inmoralidad.



            Fichan cada año por el mejor postor. No tienen colores. Y se nacionalizan (El Estado no tiene problemas en darle la nacionalidad a los extranjeros ricos) para no ocupar plaza de extranjero, porque así pueden fichar en otros países. Van a por todas. No denuncian nada. Y nuestros hijos los coleccionan en cromos y los admiran.


Y  la ciudad de arena anota sus penas moviéndose en la noche. Busca en la oscuridad un sitio para deformarse, tomar cuerpo de piedra y resistir los vientos del hombre cobarde que la puebla. 

domingo, 28 de agosto de 2011

Referentes (*)

Hay siempre, en definitiva, una esquina del velo que exige expresamente no ser levantada, y piensen lo que quieran los imbéciles, ésta es la condición misma del encantamiento.
-André Breton-


Hoy alguien en un sueño dijo:
ten, en esta garrafa
hay agua limpia, por si toma moho
la del corazón.
-Olvido García Valdés-


La cita de André Bretón dice que una esquina del velo exige no ser levantada. Y que cuando tengas moho en el corazón acudas al de Olvido García Valdés que en su garrafa de sueño hay agua limpia. Seguí las instrucciones. Así que me situé en el paisaje y me puse a recorrerlo sin rozar el velo. Respeté la magia, so pena de ser un imbécil bajo las garras de Bretón. Antes de emprender el camino, para que no me echara del sueño Olvido, tomé agua limpia por si durante el trayecto tomaba moho la del corazón. Nada más. Trabajo de poeta amarrado al ocio permanente.
En 1815 Heinrich Stölzel incorpora el mecanismo de pistones a la trompeta. El jazz le debe un güevo. Algunos poetas intentamos incorporar una pieza de jazz al poema. La poesía necesita un soporte de acero: el martillo, el yunque. Fuelle, brasas. Rojo vivo. Un martinete. El metal. Ascuas. La trompeta. Esto no es coreografía estalinista. La poesía que se hizo bajo el realismo socialista es lo peor y lo mejor que hemos hecho como clase: lo mejor porque lo intentamos. Lo peor porque lo hicimos bajo la atenta mirada del estalinismo. Vladimiro (maiakovsky) no lo consiguió. Después de aquel paréntesis, hoy más que nunca, (no es bueno volver con el rabo entre las piernas) buceamos en las piscinas literarias de la burguesía. Nuestros dirigentes obreros proceden de la burguesía, nuestros poetas también. ¿Qué hemos hecho como clase hasta hoy?. Trabajar como hormiguitas idiotas. Nosotros trabajamos para ellos y ellos entran en un dulce trance de contradicciones, producido por el ácido fórmico que obtienen de nosotras. La burguesía sufre contradicciones que sí merecen ser contadas. Sus contradicciones son de calidad; las nuestras, en cambio viven a expensas de las suyas. En nuestro devenir cotidiano, nosotros les proporcionamos los ingredientes y ellos saben cómo digerirlos, darle un orden al desorden espontáneo de todo aquello que les llega del resultado final de su “convivencia” con nosotros. Ellos sí saben contarnos lo que les pasa, y nosotros, perfectos imitadores por tiempo y tradición, perseguimos enternecedoramente sus intensas pasiones. Sus cuidadas emociones se enseñan en la Universidad, de donde sales especialista. Y cuando lo culto se “democratiza”, para los más reacios crean escuelas menores a las que llaman talleres literarios, para que de una vez por todas entendamos practicando, que a estas alturas de la historia ellos han hecho literatura de su vida; y que ese pedigrí, rango, casta o distinción, ya ha alcanzado una altísima cotización en el mercado y mucho prestigio en la sociedad. La suya, pero sobre todo en la nuestra, porque no hay nada más notorio que conseguir el Nóbel con el mono manchado de grasa, o yeso, y que tu vecino del tercero derecha, te espete: “anoche te vimos en la tele”. Los tuyos te reconocen en ellos. Autoestima. Pero tus padres lo que quieren es que logres una buena colocación. En caso de que vayas por libre y “sepas sin saber” te titulan autodidacta, y desde el reconocimiento oficial de tu ignorancia, ya puedes presumir de que eres un ignaro con medalla. Yo, debe ser porque mi inconsciente, históricamente plebeyo, puede más que una hipotética línea dinástica que no me ampara, soy un malísimo alumno, y aunque llevo años imitando el estilo inmaculado del burgués, aprendo poco. Como mucho, para crear clima (atmósfera propicia) imito al burgués escribiendo estas líneas mientras suena un blues del Mississippi cantado por Howlin’ Wolf: The Red Rooster. Sin duda esta es otra lección. O quizá porque soy blanco, hijo de occidente. En ambos casos porque tengo la tripa llena. Importante para poder escribir y escuchar un blues.



El sentir general (incluyendo a los analfabetos funcionales) es que el poema no sirve para nada terrenal. Dicen que es fantasía, un simulacro. Aquello que se le decía a la novia, a la madre. Dicen que la poesía pertenece a ese estado “superior” (¿contemplativo? ¿místico?) donde, con vocación de equilibrista, uno puede mirar el interior de su carne para ver los conductos a través de los que se alimenta el alma. En su descubrimiento uno emplea todas las energías. Allí tan solo hay arterias, venas, epitelios, y puede que en el torrente sanguíneo haya versos, muchos versos, mas es el óxido nítrico el desencadenante de la erección, y el colesterol del infarto. Y en última instancia se trata de follar con corazón y elegancia, esa donde el falo evita su natural redundancia falócrata. Los poetas somos unos tontos sentados. Unos tontos con conciencia estrambótica. La conciencia, ese estado de percepción, que mira más al futuro que al presente y se enfrenta a la realidad fea, triste y sucia. Así que los poetas sabemos cosas que no sirven para nada. Somos unos tontos sentados, y otras unos jodidos provocadores con sangre en la punta de la lengua. Los poetas somos referente moral, para una sociedad que se come los mocos. Los pistones de Heinrich. Como a Pablo de Rokha me duelen los cojones de las medulas categóricas de ser un autodidacta borracho (empapado) del arte de otros. Lenin, emocionado ante el arte “enemigo”, sentía ganas de arrullar a los artistas burgueses, y después se quería cortar la mano con la que los había acariciado.

El poeta escribe versos, que una semana después, no sirven para nada, y un mes antes nadie los necesitaba. En los Estados Unidos, prácticos y eficientes, se les persigue por vagos. Nunca como hasta hoy se había hecho un producto (en venta) de absolutamente todo. En esa “lógica” el producto debe durar tan sólo días, horas, minutos. El uso dado a los tomos de poesía en los últimos 70 años fue adornar librerías de caoba. Algunos pudimos leer poemas al desenvolver el bocadillo de sardinas. Hoy, millones de poemas arden a diario en las factorías de post-producción, y en los balances anuales de beneficios.
Pero el poema te va curando durante todo el viaje, y a la larga, o sea, cuando ya te has muerto, sus toxinas disuelven la carne, pero salvan la memoria, que es una ola inmensa de oxígeno de color azul flotando cerca de las estrellas, dispuesta para ser recogida por los ojos curiosos de nuevos navegantes. Algunos egoístas lo usan para respirar. El poeta sabe que de sus sueños vivirán los hombres futuros. Demasiado largo me lo fiáis, piensan los estresados. En esta vida de rally que llevamos, yo tengo que vivir hoy, dicen. Y la diferencia entre tú y yo, es que ambos estamos solos.



Así que impuestas las condiciones por los papas de siempre, se trata de romper, hacer trizas la palabra. Se escribe para dejar de escribir. El poema debe parar una guerra antes de que estalle. Cambiar el resultado de unas elecciones, que no se han celebrado. Y si le lees un poema a un patrón al segundo siguiente debería darte empleo. Al solicitar la hipoteca, una biografía de poeta debe acelerar su concesión. O la nómina se hace poema o continuaremos perdiendo poder adquisitivo. Mientras, seguiremos aquí en la ciudad dormitorio, todo el tiempo entre ladrillos. Pateando el barrio. Los barrios bajos. Los barrios altos. Los bajos, hechos de palabros. Los altos, de frases hermosas. Las calles sin salidas, de exabruptos y tacos. Las avenidas, de versos luminosos. Las plazas, de retrueques. Y el mercado de la literatura, de Ferias del Libro e ingresos multimillonarios. Los editores también, ya, por fin, pueden financiar las guerras. La vida, dándose forma cada día a sí misma, contempla el extraño, triste y solitario producto en que nos hemos convertido. Esa costra de miel y barro que es la vida, permanentemente maravillada ante nuestras abluciones. Hagamos de la derrota nuestro único triunfo.
La poesía es un eterno dolor de muelas, muelas de las que el alma carece, así que te duele el alma: transparencia de seda para llevar puesta una sombra de agua que nos calme la sed. Y como todo es búsqueda, ambición y deseo, en ese deambular, el alma se transmuta en metafísica; se enrola en las asambleas de afiliados del sindicato y produce en los corazones de los allí asistentes, arrebujados nidos melancólicos hechos con papel y sangre de analíticos debates, intentando demostrar que los tres puntos del convenio están por encima de los versos inmortales de Don Antonio Machado: “Un golpe de ataúd en tierra/ es algo perfectamente serio”. Vano intento. Y si ellos aprueban los textos por amplia mayoría (tenaces bolcheviques) uno aprueba por amplía minoría (absurdo menchevique) saltándose el centralismo democrático, que la poesía se hace con los restos del íntimo naufragio, se hace en soledad o con uno, de la memoria de unos besos, y también “con amor o con odio”, que diría Pavese, pero siempre con la violencia de un salvaje. Que nuestra carne arde quemada por el oxígeno, y en su larga combustión, las llamas precisan ser avivadas para que de ellas nazca el cero, el círculo que elevándose alcance la esfera celeste, en el eterno viaje. Viva la clase obrera. Viva porque ya no cambiará el mundo, el mundo nos va a cambiar a nosotros por la barbarie. Salud, porque con dolor de espaldas no nos moverán.



Esta “larga lista” de contradicciones encontrará su antídoto el día que sepamos hacer matemáticas de izquierdas: si ellos reflexionan, sentémonos a pensar. Diez años trabajando en la construcción evidencian que mi acercamiento a la poesía lo hice para ser práctico. Se trataba de levantar un muro de ladrillos contra su estúpida eficacia. Si como dice García Márquez en su última novela: “el sexo es el consuelo que uno tiene cuando no le alcanza el amor”, a mí después de la derrota tan sólo me queda una moderada actitud cínica, y cuando estas derrotas se me acumulan, al igual que N.Parra, “sonrío a los imbéciles que bajan de los árboles”, y abono feromonas usando como substrato el vaho de la carne, por si alguien quiere atrapar su libidinoso vuelo.
De niño creía que la profesión más dura de todas era la de actor de cine, ya que más tarde o más temprano, al pobre actor le tocaría morir en alguna película, por “orden” del guión. Más tarde supe que en las “pelis” no moría nunca nadie. Me dije: “Entonces tendré que hacer poesía. Alguien debe asesinar a estos fingidores”. Heme aquí, toda una vida intentando matar al actor de cine, que muere para estar vivo en la película siguiente. Yo también interpreto mi papel, con mayor o peor fortuna. Y los poetas somos seres inmortales.



(*)  Este texto apareció en el mes de noviembre de 2010 en mi blog "Folios Grapados". Considero que este es su sitio natural. Y aquí lo dejo. 

domingo, 21 de agosto de 2011

LA GUERRA TECNOLOGICA/ textos para el recuerdo

Algunos de los que representamos a tendencias denostadas (el trotskysmo) alguna vez nos apetece defenderlo a través de cualquiera de sus “consignas”. Socialismo o barbarie es una de ellas. La palabra socialismo, dice con un adjetivo que califica de barbarie su contrario, es decir aquello que no sea socialismo, es decir esto. Casi todos los intelectuales de diverso tipo y corte, políticos a un tanto la idea (se llevan un pastón por las que no tienen, ya que estas últimas están mejor pagadas) defienden la democracia (lo de burguesa ellos ni lo nombran, así parece que la democracia a secas es de todos y que no tiene apellidos: obrera en unos casos, o burguesa, en otros) como marco incomparable donde se solucionan todos los problemas. El reparto de la riqueza, por ejemplo, ese no se soluciona desde que empezó a explotar a los que la producen.

¿Podemos calificar nuestro tiempo como bárbaros? ¿Somos más bárbaros que antes? ¿cómo se mide la barbarie? Una cosa está clara sólo nuestra formación asimilando conocimientos de otros pueblos, otras culturas nos puede poner alerta de si esto se puede soportar sesenta años más. Otra cosa está clara (y van dos) estamos entregados. Hemos caído en el abrazo del oso.


Barbarie. Ciencia ficción. En el futuro (año 2.468, por ejemplo) la gente de izquierda será aquella que luche (¿piense?) por seguir viviendo en el planeta Tierra. La derecha será esa otra casta que imponga (¿referéndum?) el abandono de la Tierra hacia un planeta nuevo, descubierto dentro del proyecto: Plan Nuevos Planetas (PNP) y en aplicación del programa MEU (Maricón El Último). A nuestra nueva “casa” le pondrán por nombre Tierra Dos, para que la gente no sienta morriña en demasía; el nuevo planeta será parecido a este, pero seis veces mayor, con tres soles, diez lunas, 18-25 grados, el día durará 72 horas y la noche sólo tres, una sola estación atmosférica a la que llamaran agua-sol, pues lloverá aun con el sol brillando, y jamás sabremos dónde se esconden las nubes que nos mojan. Tela. Todo se andará. Parecía mentira lo del microondas. El sistema de microondas donde recalentamos la sopa y el café, nació en los años 40 para mandar secretos de guerra. Los teléfonos móviles usan un sistema parecido, así que cuando recibimos una llamada se nos recalienta la sesera, aprovechando la microonda la maravillosa entrada que le ofrece la oreja. Ahora a través del teléfono te puede llegar una voz o un pollo asado con rustidera y todo. Ciencia.



Ficción. Los que no se fían de nosotros piensan ponerle un “chip” a nanométricas esporas que posteriormente esparcidas por el aire vigilarán oyendo todo lo que hablemos. Y en el caso de que se introduzcan en nuestras orejas, llevadas por el viento, oirán todo lo que pensemos. El siguiente paso será incorporar una pequeña carga explosiva, con lo que seremos eliminados por estar en contra del pensamiento único. Pienso, luego no existiré durante mucho tiempo. Ya.
Y para terminar esta información “tecnológica” les cuento que un grupo de astrofísicos de EE.UU. (la madre de todas las patrias) está trabajando en un proyecto para cambiar la órbita de La Tierra. Lo están haciendo para que dentro de cien mil millones de años no nos queme El Sol. Están calculando para que les salgan las cuentas y no se produzca un choque en cadena entre el resto de nuestros planetas.

En la ciudad de arena se copula, se ama, se asesina, por este orden y otras se cambia el orden para alterar un producto que requiere apetencias de objeto con careto, propio del individualismo, dicen que el arte del capricho. Y todo se descompone, se construye y se destruye para recreo y placer, decía una vieja canción de protesta, italiana.

Salud y Alegría....y un polvete cada día, para tener armonía.

sábado, 6 de agosto de 2011

Prosa del Observatorio (Julio Cortázar)





…..teniéndote en los brazos, amor de siesta o duermevela, entreviendo en esa mancha clara la puerta que se abre a la terraza, en una ráfaga verde la blusa que te quitaste para darme la leve sal que tiembla en tus senos,
-Julio Cortázar-

Buenas tardes España esto tiene pinta de verano y las playas están llenas de bañistas y el mundo se descompone y nadie se lo cree. Buenas tardes España, la música nos une y nos separa. Y los acampados en la puerta del sol se creen que así están bien, y mejor para todos, y la vida continua y el verano también. Buenas tardes España, estos días son calurosos y las noches se llenan de amantes que follan entre beso y cerveza y se toman un descanso a eso de las tres para beber agua y regresar de nuevo a las sábanas sucias, mirarse a los ojos y ver amanecer. Buenas tardes España, esta música y estos versos son para los que creen que aún estamos a tiempo de tocarnos y descubrir el océano, las galaxias, la verdad, el mundo, los ángeles, el azúcar de unos labios, la sal de un beso. Buenas tarde España, las mujeres y los hombres se pasean, se cogen de la mano y se tocan con la mirada. El tiempo se pone tras el sol y nadie nos visitó, habitante de otra galaxia. Los extraterrestres quedan a una manzana de nuestras tristezas. Apenas un instante y ya estaremos de nuevo en primavera. Buenas tarde España, me siento un hombre perdido y un hombre encontrado, no tengo a dónde ir pero me alejo miles de kilómetros para regresar cada amanecer y saludaros con niebla de flores, un vino joven, con un poema. Buenos días Cernuda. Buenos tardes Picasso. Mis seres queridos. Buenas tarde Miguel. Maruja. Buenas tardes Alas. Las golondrinas son tan felices como los barcos en alta mar. Como una vela. Como un beso por cometa. Buenas tardes Cordelia. Buenas tardes poetas que tan sólo servís para nada, para un sueño que siempre se mantiene fresco como el primer día. Buenas tardes Vallejo. Buenas tardes mi vida. La mía. La única que tengo prestada a cambio de ser un hombre próximo a los dioses. Buenas tardes ceniza. Árboles. Piedras. Buenas tardes Lucía. Cádiz. Juan o Amparo. Sevilla o Sofía. Buenas tardes armarios. Silencios. Buenas tardes, anochece verano.

    


Foto del observatorio del sultán
Jai Singt (Jaipur, Delhi) 1967.
Julio Cortázar-Antonio Gálvez



domingo, 31 de julio de 2011

CUATRO


      UNO.-
                 A mi bisabuela Irene la llamábamos abuelina, porque era la abuela mayor y para diferenciarla de su madre, mi abuela Luciana, y porque era menudita. En su juventud se dedicó al teatro. Poco, estaba mal visto, y los primeros que se oponen, cuando algo está mal visto, son los maridos. Me lo ha dicho mi bisabuela Irene Estévez el otro día cuando fui a verla al teatro donde interpreta a una viejecita, amante del viejecito Luis Candelas, ladrón que robaba a los ricos para favorecer a los pobres: “Hijo apaga ese trasto al que llamáis “inmóvil”. Le corregí. Móvil, abuelina, se llama móvil. “Ya, pero como yo veo que todo el mundo por las calles se pasea nerviosa de arriba abajo, sin estarse quietos, camino de ninguna parte y hablando solos como si tuvieran miedo, pues..., eso, que tú apágalo. Me he enterado que sus frecuencias de microondas están todas en una lista de los americanos y ahora todos los que lleváis ese aparatito sois potenciales bombas andantes, afinadas bombas que pueden entrar en los lugares más recónditos de la tierra. Ignorantes, es lo que sois, creyéndoos tan listos. Os van a descerrajar un micro-misil en la oreja”. Y terminó diciendo: “Estoy hasta el moño de guerras. De generación en generación, todos hemos conocido guerras. El miedo que pasamos en la del 36. Y el miedo que pasó mi abuela, cuando entraron los franceses de Napoleón”. Le informé. Abuelina si ya no hay guerra, se ha terminado. “Ya. Que te lo crees tú. Apaga el “inmóvil”. O mejor tíralo”. Vale abuelina.

      DOS.-
                 Frente a la sierra de San Pedro, se encuentra tendida, preciosa y en silencio, la ciudad de San Vicente de Alcántara (Badajoz). Anteriormente conté en esta ciudad que Manuel Fernández Bernáldez, mi abuelo materno, aquel 14 de abril de 1931, proclamación de la II República, vistió de republicana a mi madre, que acababa de cumplir seis años el día 8 de marzo, y le dio un paseo por el pueblo, con un cartelito que decía: “Ay! de quien toque a la niña bonita”. Se libró del pelotón de fusilamiento por los pelos; a cambió tuvo que pagar una multa de 500 ptas. en metálico y trabajar gratis (era guarnicionero) durante un año, haciendo cartucheras, vergajos, cinturones, y fundas de pistolas, para los municipales del pueblo, y cobrando dos reales el resto de su vida, al servicio de los poderes fácticos.

      TRES.-
                 Mi madre y mi padre utilizaban la palabra “condición” para hablar de las personas buenas o malas. Así las personas buenas tenían buena condición, y las malas tenían mala condición. Cuando yo era jovencito, entre los seis y los ocho años, con otros niños hacia faraónicas construcciones de piedra y arena en desequilibrada edificación de alzada arquitectura. Cuando dábamos por finalizados los juegos, arrasábamos a patadas todo lo que habíamos construido para que otros niños no pudieran jugar. Lo más triste es que la destrucción de nuestra obra la acompañábamos de una canción, imposible de transcribir aquí la música, pero sí la letra: “Yo que lo he hecho, yo que me aprovecho, Yo que lo he hecho, yo que me aprovecho”. Para mis padres eso era tener mala condición.

      CUATRO.-
                 La clase obrera ha eliminado la palabra organización de su vocabulario. Ha eliminado también el vocabulario, y se ha eliminado como clase. Disuelta en otros azúcares de muselina, pastas para las cinco en el salón de té, la pobre clase obrera nunca fue tan pobre, cree que así, con su miedo y su hipoteca puede aguantar la eventualidad de la vida votando al Partido Popular, mientras se hace el distraído los domingos por la mañana montando en mountain-bike. Porque la clase obrera lo que quiere es que no se le note que está ahí, pasar desapercibida, que la dejen en paz. Tiene miedo, mucho miedo. Practica el miedo del individuo elevado a la categoría de indiferente y solo. Gritó estampida y en la huida murieron todos. El 15M dice que hay que organizarse desorganizados. ¿La base social del 15M es el lumpen-proletariado, o como dice el poeta Batania, son los futuros mandamases políticos?


Que a qué viene todo lo anterior. Pues que entrelazando cada gesto podemos llegar a verle la cara al alma, y también podemos ver, cómo una y otra vez nos engañan los gobiernos. Los gobiernos nos engañan con nuestro cómplice consentimiento, puesto que en el fondo de ese alma, sabemos que nos engañan. Y más en el fondo del alma, llegando ya al infierno, si nos engañan también nos importaba un bledo. Y que cuando el otro, en este caso el enemigo, habla un lenguaje, un solo lenguaje, o lo hablas o el otro, en este caso el enemigo, no te entiende. ¿No es la muerte el lenguaje que hablan los yanquis?. Hablemos su mismo lenguaje y nos entenderán. Por si no me he expresado bien: tomemos al asalto cual corsarios, con sables entre los dientes, el barco pirata al que llaman Estados Unidos y que navega sin rumbo por los mares del mundo, con patente de corso. No al terrorismo, porque desde que terminó la segunda, estamos en guerra.

Vacaciones

Fue imposible que me tocara la lotería. Así que regreso al curro, y sigo en la ciudad de arena asombrado y triste. Sobre todo desde que ayer me enteré que el gobierno socialdemócrata ha convocado elecciones para el 20N. La fecha es una broma. Zapatero ha pensado que como las va a ganar el PP, así tienen dos fechas que celebrar de aquí en adelante. Como despedida chirigotera vale.

Como todos los fines de semana esta ciudad de arena intentará desmoronarse en un deslavazado artículo que está en el horno.

Salud.